Experiencias de control biológico en España

Un relato en primera persona.

El Ing. Agr. Martin Galli (SMC Monitoreo de Cultivos), miembro de la regional Norte de AAPPCE, en 2019 viajó a España en el marco de la finalización del Máster Interuniversitario en Sanidad Vegetal (organizado por La Universitat Politècnica de València, la Universidad Politécnica de Cartagena, la Universidad de Almería y la Universidad Miguel Hernández de Elche). En este artículo relata en primera persona la experiencia y los aprendizajes referidos al control biológico en cultivos intensivos poniendo en consideración sus aportes a la agricultura extensiva.

Motivado por buscar nuevas alternativas en el monitoreo de cultivos en general, y del muestreo de plagas en particular, me puse como meta buscar una visión “europea” en la sanidad vegetal. Por eso me anoté en una carrera de posgrado que poca tenía que ver con los cultivos extensivos, un paisaje en el cual me sentía cómodo.

Horticultura, fruticultura, olivos, vides y ornamentales eran parte del temario de la propuesta académica. Cuando lo vi supe que por ahí estaba el desafío: buscar cosas nuevas. El resultado de la experiencia fue maravilloso. ¿Por qué? Porque lejos de encontrar cosas novedosas me topé con cosas tradicionales, en ocasiones muy tradicionales, entre ellas, el Manejo Integrado de Plagas. Pero a diferencia de otros lugares, a este pude verlo en vivo y en directo. Y lo mejor de todo: funcionando.

El control biológico en España tiene sus orígenes en la provincia de Cartagena a principio del año 2000. No obstante, hay un antes y un después de la campaña 2006-2007, cuando en Alemania se detectan residuos de insecticidas por encima de lo permitido en el 35% de las partidas de pimientos provenientes de la zona de Almería (España). Esta situación generó la prohibición de la exportación de pimiento, la perdida de confianza por parte el consumidor y la caída en la rentabilidad. A partir de este inconveniente se comienza a adoptar el control biológico de plagas, en pocos años Almería pasa a tener casi el 90% de la producción de pimientos y tomates bajo este tipo de manejo, y en más del 79% de los invernaderos se realizan sueltas de insectos benéficos.

Durante el viaje, recorrí las provincias de Valencia, Castellón, Murcia y Almería, conociendo en todos los casos distintas producciones y productores. Visité las instalaciones del insectario estatal de Almazora, ubicado en Castellón, donde actualmente se crían 6 tipos de enemigos naturales (entre predadores y parasitoides). Estos insectos se “sueltan” al medio para controlar plagas exóticas y también se entregan al productor de forma gratuita con el objetivo de capacitarlo y contribuir a combatir las plagas de la zona.

En las recorridas por estas regiones también tuve oportunidad de conocer historias de producción frutícola en pequeña y gran escala, y de diverso tipo, entre ellas, de peras, duraznos, limones, mandarinas, naranjas, etc. Me encontré con pequeños productores que poseen paisajes de pocos árboles y producción acotada, y hasta con grandes exportadoras. Todos estos, de alguna manera u otra, realizan un control de plagas bajo el criterio de gestión integrada combinando diferentes estrategias de manejo integrado de plagas, uso de plantas insectario, sueltas de insectos benéficos, trampas para moscas de la fruta, difusores de feromonas de confusión sexual, suelta de machos estériles, aplicación de insecticidas selectivos, entre otras metodologías. Siempre encaran estas tareas tratando de monitorear los residuos en hoja y fruta, para poder exportar sus productos y estar dentro de los estándares permitidos.

Así como cada lugar tiene su historia, acá cada cultivo y cada plaga tiene su propia estrategia. Una de las experiencias que más me impactó fue la de un productor de peras en el municipio de Jumilla (Murcia), quien hace más de 15 años no aplica insecticidas para controlar sus plagas (Pulgones, Carpocapsa y Psila del peral). ¿Y cómo lo hace? Deja callejones con la flora autóctona para tener de esa manera refugio y alimento para los insectos benéficos.

En el “Mar de Plástico”, como se conoce a la región de Almería, me encontré con la concentración de invernaderos/m2 más grande del mundo. Como mencioné anteriormente, el cambio hacia el control biológico para la década del 2000 fue muy rápido, y como dicen ellos, “ya no tiene vuelta atrás”. Aquí tuve la suerte de presenciar varias estrategias en plena acción; desde sueltas de insectos depredadores, como orius, crisopas, ácaros fitoseidos, hasta himenópteros parasitoides, feromonas, trampas pegajosas, entre otras cosas.

En esta zona están trabajando una línea muy interesante de alimentación de insectos benéficos con el objetivo de que se instalen en el invernadero antes que llegue la plaga (y no muera por falta de alimento). Observé 4 estrategias: 1) Alimentación suplementaria con ácaros (que no son consideradas plagas), 2) Plantas con flores para alimentación y refugio, 3) Pulverización de polen como fuente de alimento, 4) Y para parasitoides mas específicos, plantas bunker, por ejemplo, de cebada que sirven de reservorio de pulgones, que no son dañinas para el cultivo y donde el parasitoide encuentra un lugar donde reproducirse.

La última parada fue la estación experimental de la fundación Cajamar, en Palmerillas, donde recorrimos las instalaciones donde están poniendo en práctica lo que ellos llaman “La Segunda Revolución Verde”. Esta consiste en aumentar la biodiversidad en los invernaderos realizando corredores verdes de plantas autóctonas que sirvan de reservorio de la fauna benéfica. Para ello, han estudiado y seleccionado más de 25 especies de plantas de la zona que sirven para este importantísimo servicio ecosistémico. Estas plantas están expuestas en una plaza muy especial, donde el productor puede observar las especies, la composición del paisaje y sus beneficios.

Como conclusión del viaje en general, me traigo muchas más cosas de las que fui a buscar. Encontré que hay ayuda del Estado, hay empresas que proveen insumos biológicos, hay un precio diferencial por productos ecológicos que alienta al productor a volcarse por esta metodología; principalmente hay confianza por parte del productor en el control biológico, ya que demostró ser económico y persistente. También se encuentra mayor comprensión en el manejo del ecosistema, sin tanta dependencia de los productos químicos. Estos sirven como apoyo en las situaciones en donde no se puede abordar la problemática de otra forma, pero con la visión de que cuando surja la alternativa biológica se transitará.

Sin dudas, el desafío personal es traccionar y adaptar lo vivido en España a la realidad argentina. Hay situaciones que por una cuestión lógica de escala serán imposibles o llevarán un tiempo, pero de a poco el productor -creo- se tendrá que acostumbrar a que el mundo de hoy exige cada vez mayor cantidad de alimentos, pero de manera más sustentable. Por suerte a pocos días de mi regreso ya convencí a un productor del periurbano de San Guillermo a utilizar plantas refugios para los insectos benéficos. Hay que estar preparados hoy, para lo que se viene.

 

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